Real.
Tras la embestida de la bestia, reaccioné tres milenios
tarde, tomé la curva más cerrada y aunque maniobré como dice papá, no logré
evadir su encuentro. Y volé a través del techo y sobrevolé vastas fincas llenas
de parientes, antimateria y espectros. Y seguí hasta navegar por casa, saludé a
mi madre que husmeaba sus plantas – ella que me decía que nunca iba a poder
lograrlo –y me entró el sueño, hasta caer en una acequia, a tres cuadras del
cementerio, donde ya me habían enterrado.
Aun me percibía en la curva, cruzando el pastizal,
recibiendo la brisa fría del sur y lamiéndome las comisuras de las patas,
cuando apareció aquel animal.
Por eso he vuelto al costado de la huella, para esperarlo, para
revivir el destino y cambiar la suerte, porque me queda lo agrio de la derrota,
sabiendo que lo intenté lo mejor que pude, pero llegué tarde.

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