Lejos de casa
Deshidratado
y supino al sol, todavía me queda hálito para referir sobre algo extraño que me
viene ocurriendo y que trataré de simplificar en una sola respiración: he
perdido la cabeza y la esperanza.
Tras
un giro de acontecimientos, por alguna razón que desconozco, he decidido matar
a mi compañero. Pero, por cada defunción que le ofrezco, él se toma el
atrevimiento de regresar y hacer todo más difícil. Juro que esta vez estaba ahí
indemne apenas hube de aniquilarlo. Hoy mismo se me hizo verlo multiplicarse mientras
intentaba, con mis últimas y flácidas fuerzas, deshacerme de su estéril vida.
Si
bien él, afortunado por ser parte de la quimera de unos míseros circuitos
inteligentes, irremediablemente llegará a agotarse, sé que reconectándolo a cualquier
fuente vital, volverá a su pantomima en ese mimético cuadro de 8 bits,
orgulloso de ser mi mascota.
Mi
caso es diferente, yo no sé si llegaré.

Comentarios
Publicar un comentario