Memorandum del viejo


     [...] vos no opinéis, pues es orden una y más. Cerrad las ventanas sin dejar caer pestaña. Así os será más fácil la prudencia. Mirad a ambos frentes y laterales para luego dar los pasos veintitrés que han de llevaros profundo a la última encrucijada de la salvación. He dicho veintitrés pasos que sean hechos leves, silenciosos y poco hondos.
     No debéis dejar caer nada al suelo. No hagáis ruido, no queráis que te oigan los de afuera que se escurren como moscones. Hechos los pasos y llegado al cuarto sin espejos, venid hacia la puerta y cruzad palos y maderas para formar una equis perfecta. Listas las maderas, vaciad sobre la mesa rosa lo que en vuestro morral contengáis. Tirad con paciencia, recordad a los que como lobos se pasean por afuera. Esparcidos los elementos, a lo próximo, si podéis y no os tiembla el pulso -recordad tomaros el pulso cada cinco minutos -coged linterna, cinta aislante y escopeta corta. Cogido lo dicho anteriormente haced la hazaña de unir ambos objetos -esto lo debéis haber leído en las pancartas -La combinación es fácil y tiene su propósito: armaros firmes y seguros. Lista la escopeta con iluminación, pasad a coger el siguiente componente -antes posad el arma boca abajo cerca de vuestra posición sin perderos el rastro y con saciada calma. Una vez desasido del arma, tomad la botella de agua.
    Debéis saber algo muy importante: jamás bebáis sin extrema necesidad pues este recurso podrá daros segundos prósperos de esperanza. Guardad el envase lleno en el bolsillo más amplio.
    -¡Apuraos cabritero! ¡Que no es gilipollada! ¡Y no bebáis el agua! Cuando lo hagáis que sea con cauteloso y paciente trago, pues no querréis que te oigan los sarnosos carroñeros de los que caminan esperando vuestras ingenuidades y se babean por vuestros errores. Ahora coged lo último: el bote de monedas -si... es lo tercero más importante, y por vuestra madre, ni se te ocurra reír ni por la boca ni por la nariz. No querréis vértelas con un come carne. Ese bote de monedas está tan bien sellado como para simular un cargador de arma de fuego. Sólo tenéis que retirar moneda por moneda y arrojadla lejos donde necesitéis que se atraiga la atención. -¡Poned vos atención a la hora de vuestro reloj!- Iros a coger vuestra arma, guardad el bote de monedas, no toméis el agua, y apagad la luz de la habitación.
    ¡No seáis gallo sin uña! no es momento para ser tomado por gilipollas -prestad atención a los pasos que no sean los propios, y tened bien abierto los ojos -bien en claro vuestro pensamiento y mente -no traguéis vuestras propias salivas, no saciéis vuestros propios labios secos, no respiréis por la nariz ni por la boca con desesperada acción. ¡Os apuesto por los Santos que pasareis mucho miedo! pero eso no será nada para lo que a luego espera.
     Contra la pared más angulosa, pegad vuestra espalda. Apuntad a los claros de la equis y no se os ocurra tirar una sola moneda. Aguantad hasta oír el cónclave por el radio del vecino. Cuando aparezca una sombra hazte de coraje, y jalad del gatillo cuando veáis ocuparse todo el claro.
    Si lográis sobrevivir luego de la emisión radial, escapad al norte por la mansión del Maistre, y una vez llegado al descampado, dirigíos a la primera casa pintada. Ahí estaréis a salvo. Allí podréis tomar el agua del envase, allí podréis descansar vuestros brazos y piernas, y de seguro alguien os dará un buen trozo de pan. -¡por mi madre, la osa más valiente, no olvidéis usar las monedas o te seguirán aquellos! ¡No creáis nada de lo que no sepan vuestros sentidos y apuntad recto el arma; no sea que terminéis sin los dedos de los pies!
    Si sucedes a todo esto, saluda de parte mía a mi familia, pero cuidado que ya han empezado a morder. Y no hagáis del mío vuestro error.

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