Peces
El
río fluía normalmente cuando aparecieron los peces violetas, y la vida comenzó
a germinar, haciendo nido en las orillas, debajo del musgo dulce, cuando por
fin fueron cantidad, y se pusieron de acuerdo en el orden y en su primera
jerarquización. Como el flujo del agua, el tiempo continuó buceando ágilmente para
la civilización cardumen hasta que el hambre obligara a algunos a dar un paso
al costado, dejar la servidumbre y autogestionarse libres.
Nació
así el método, de la disputa entre los nobles y los de libre albedrío, y
también las matanzas, los castigos y finalmente la corte suprema de justicia,
que además presionó a la mitad de su población al sacrificio en pos de una
ecualización estratosférica, y sin embargo dio origen a las peores de las
predestinaciones, como en la que estaba este pececito violeta joven, iniciado
en los labores de la vida, con poco peso sobre el agua pero con tanto horizonte
soñado.
Fue
cómo, ante las puertas de la dicha, donde los senderos se bifurcan, tuvo tres
hijitos con una hermosa pececita, mientras el flujo, ahora, removía
vertiginosamente el lodo y se llevaba a todos por la corriente.
Sin
embargo, en la cresta de la ola, el pez insurrecto sintió que lo amansaban
contra su voluntad y quiso revelarse. Y ya sabremos las consecuencias porque
quedó naufrago, vagando de una orilla a otra, de rumiante en rumiante, de sobra
en sobra.
Finalmente,
desesperanzado, entrado en la madurez, con dos niños adolescentes y una mujer
intoxicada, decidió que la mejor solución sería empujarse todos juntos por la
cascada más precipitada directo hacía lo fondo, al tiempo que los demás peces
violeta seguían peleándose por los manjares y el sistema seguía como si nada,
tan indiscriminado y tan perfecto.

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