La cápsula

Estaba acostumbrada a bloquear dolores sin pausa, como si todo acabara ahí, pero los dolores tenían, sí, causa real dentro de ella, donde se hirió, donde se clavó una daga, donde se abolló un tejido, donde se apretó un órgano… dentro era donde algo faltaba o algo sobraba. ¿Sus dolores? el aviso alarmante de que algo no andaba bien. ¿Por qué recurrió al método temporal, que calmaba su malestar pero que no la curaba ni la reponía? ¿Un inhibidor fue? ¿Un anulador de sensores que electrificaban su cerebro? 
Un bloqueador, eso era. Una pared que impedía que algo la molestase, pero un amplificador que, a su vez, reforzaba todo lo demás, inmunizando así el dolor. Comprendió ya sobre el final de su fatua vida, que esa alarma visceral era lo único que le permitía sentirse fuerte, que debía sufrir y dolerse simultáneamente, sin calmar el padecimiento, sin remendarlo. Desde entones que sigo abierta, esperando marchitarme como todas las demás heridas.

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