Géminis



Nos despertamos esta madrugada juntos. Él se levantó y corrió hacia el guardarropa, lo miré, sacó de la sombra una flor, de esas interesantes pero frías flores de interior, tan falaz. Se la llevó de mi cuarto, y yo seguía pensando en lo tanto que habíamos gozado horas atrás. Me salí de nuestro lecho y traté de seguirlo. Sabiéndome ignorado por su visión, recogí un libro que nunca habría imaginado leer y me senté en el sofá frente al comedor.
Vi cómo tomó el paraguas ese que encontró tirado en aquel autobús y el cual jamás devolvió, aunque afuera no llovía, y yo estaba extrañamente mojado.
A pesar de mi desesperados intentos por llamar su atención, él nunca suspiró, y tras leer las primeras páginas de aquel libro, tuve la sensación de saber lo que iba a suceder a continuación.
Su lento progreso hasta la puerta me hizo sentir peor. No dudé en soltar el texto y dirigirme hacia la cocina de donde tomé el primer cuchillo que hallé. El reflejo era tan nítido que él se miró así mismo y no se vio. Yo tampoco miré, pero supe que mi cuchillo rozaba las costillas inferiores de su parte izquierda. Estuve a una víscera de abrirle la carne, pero sentí tanta pena que lo dejé escapar.
A fuera no llovía, pero él ya estaba mojado. Yo me quedé golpeando las pupilas contra la puerta. Y aún sigo despierto figurándome esa evocación, sin poder lograr que ese espectro, que a mí semeja una cara familiar, me dirija el habla.

Comentarios

Entradas populares

Amigos lectores

Licencia Creative Commons