El origen de la Chaya
En el gran Códice de la nueva civilización quedó
registrado que dios creó la chaya como un instrumento para lavar todos los
pecados. Pero en el año 1189, un presbítero castellano descubrió que esto era
una burda interpretación y condenó al escarnio público a todos los fieles y
ritualistas. Cien mil hombres y mujeres fueron quemados vivos junto a su
descendencia. Siglos más tarde, un tal don juan ramírez lo practicó con sus
indios a fin de grabarles con sangre la nueva enmienda, innovando en algunos
detalles y replicando por generaciones, por ejemplo, el sacrificio de sus
primogénitos. No obstante, el mayor de los avances lo logró la civilización
colona quienes entregaron al fuego a sus quinceañeras, suegras y cuñados con el
fin de amansar a la madre ante las mortales sequías en Sudamérica. No fue sino
hasta finales de siglo XIX que alguien se dio cuenta que habían aniquilado las
posibilidades de prosperidad. La disminución de la prole más joven incentivó a
una profunda revisión de la norma, y fue así como un día comenzaron a apagar
bajo la lluvia santa, las enormes fumarolas de leña y carbón. Desde allí en
delante hay un enorme vació de registros que dieron pie a incontables mitos,
como el que reza que, en un pueblucho, donde parecía ya no haber exilio,
comenzó a crecer albahaca alrededor de las cenizas, aromando la tierra y
quitando el hedor a muerte. Durante varios meses, el brote fue superpoblando
los rincones y la abundancia revivió las esperanzas. Sin embargo, ocho
generaciones después, alguien encontró el antiguo códice y volvió a encender la
llama.

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